Por Redacción
CDMX, 16 abril 2026.- La salida de Citlali Hernández de la Secretaría de las Mujeres del gobierno federal no sólo abre una nueva etapa en el gabinete de la presidenta, también acelera los movimientos internos dentro de Morena de cara al proceso electoral de 2027, donde la Ciudad de México será uno de los campos de batalla más delicados para el partido guinda.
Y en ese reacomodo, un nombre aparece cada vez con más insistencia en las conversaciones internas: Héctor Díaz Polanco, dirigente de Morena en la capital, cuya gestión es señalada por militantes, operadores territoriales y cuadros locales como una de las más grises, distantes e inoperantes en años recientes.
La crítica es cada vez menos discreta: en Morena CDMX crece la percepción de que Díaz Polanco “nunca estuvo”. Su liderazgo ha sido prácticamente invisible en momentos clave, sin operación política eficaz, sin cohesión territorial y sin capacidad para contener el desgaste que Morena enfrenta en varias alcaldías estratégicas.
El problema no es menor. En la capital, Morena enfrenta focos rojos en demarcaciones que hoy están en riesgo real de perderse o complicarse rumbo a 2027, como Azcapotzalco, Iztacalco, Álvaro Obregón, Cuauhtémoc e incluso Tlalpan, donde la oposición ha ganado terreno ante la falta de estructura sólida y una dirigencia local desconectada de la militancia.
Mientras PAN, PRI y MC afinan perfiles competitivos y fortalecen sus estructuras territoriales, Morena parece atrapado en una dirigencia capitalina sin reflejos políticos. La ausencia de una estrategia visible desde el comité local ha provocado molestia entre consejeros y liderazgos intermedios, que reclaman una renovación urgente antes de que el costo electoral sea irreversible.
La llegada de Citlali Hernández al tablero interno morenista podría ser determinante. Cercana a los grupos con mayor peso en la toma de decisiones nacionales, su influencia podría traducirse en ajustes profundos en la estructura partidista de la CDMX. Y uno de los primeros movimientos, advierten voces al interior, tendría que ser la sustitución de Díaz Polanco.
En Morena saben que 2027 no será una elección sencilla. La capital ya no es el bastión incuestionable de hace seis años. La oposición ha demostrado capacidad de crecimiento y el voto urbano se ha vuelto más crítico, más volátil y menos ideologizado.
Si Morena quiere retener su hegemonía en la Ciudad de México, necesita algo más que discursos de unidad: requiere operación territorial, liderazgo activo y una dirigencia presente. Y hoy, dentro del partido, cada vez son más quienes consideran que Héctor Díaz Polanco no representa ninguna de esas tres cosas.
La pregunta ya no es si habrá relevo, sino cuánto tiempo más Morena puede permitirse sostener a un dirigente que, para muchos, lleva demasiado tiempo sin aparecer en la escena política capitalina.









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