Por Redacción
– No hace falta robar urnas para traicionar la democracia. Basta con torcer la ley en silencio.
CDMX, 19 marzo 2026.- El Código Electoral no deja lugar a dudas: el mandato ciudadano no es negociable. Las listas plurinominales tienen un orden, un género y una lógica definida desde el día de la elección. No son un buffet político donde se elige después quién se sienta.
Sin embargo, eso es exactamente lo que hoy se cocina en el Congreso capitalino.
El antecedente es claro: el caso de Sergio Mayer mostró cómo una candidatura puede cambiar de manos sin explicación, contradiciendo el supuesto método democrático interno.
Ahora, con la licencia de Fernando Zárate, el problema escala:
su suplente legal, Ángel Tamariz Sánchez, no asume… y entonces aparece la tentación del atajo.
El argumento no dicho es brutalmente simple:
si el suplente no quiere, ponemos a quien sí quiera… pero que sea de los nuestros.
Eso no es interpretación jurídica. Es una “chicanada”.
Porque el voto ciudadano ya decidió.
Porque la lista ya estaba definida.
Porque el cargo no pertenece al partido, sino al mandato popular.
Lo demás es simulación.
Y aquí está el verdadero escándalo: no es solo una curul. Es el precedente.
Si hoy pueden brincar al suplente, mañana pueden reordenar listas completas. Si hoy pueden ignorar la ley, mañana pueden reescribirla sobre la marcha.
La democracia no muere de golpe.
Se erosiona con decisiones “técnicas”, acuerdos internos y silencios cómplices.
Y mientras tanto, la pregunta sigue sin respuesta:
¿dónde queda la voluntad del pueblo que votó hace casi dos años?
Porque si esa voluntad puede sustituirse por conveniencia política…
entonces el problema ya no es un diputado.
Es todo el sistema.










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