Por Arturo Gutiérrez
CDMX, 09 abril 2026.- La escena es sencilla pero poderosa: calles de tierra y asfalto en la colonia Santa Cruz, manos que se estrechan, puertas que se abren. Así transcurrió el recorrido de la diputada Paulina Pérez Córdova en San Miguel Topilejo, un territorio donde la política no se entiende sin presencia física.
Lejos de la narrativa triunfalista, lo que se encontró fue una mezcla de afecto y exigencia. Porque si algo caracteriza a los pueblos originarios y comunidades de Tlalpan es su memoria y su capacidad de organización. Escuchar, en este contexto, no es un gesto menor: es una obligación.
El acercamiento directo permitió recoger inquietudes que difícilmente llegan a tribuna: desde necesidades básicas hasta demandas históricas de atención. Y en medio de ello, también surgió el reconocimiento de quienes valoran que una representante popular regrese, mire a los ojos y no solo aparezca en campaña.
El respaldo de la alcaldesa Gabriela Osorio y la presencia de Rafael Laurrabaquio refuerzan una narrativa de cercanía institucional, aunque el verdadero reto sigue siendo traducir estos encuentros en resultados tangibles.
Hoy, más que nunca, la política territorial deja de ser un accesorio y se convierte en una necesidad. Porque en lugares como Topilejo, la gente no pide promesas: exige presencia, seguimiento y soluciones. Y ahí, en ese terreno, es donde realmente se juega la credibilidad.










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